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La francesita


LA FRANCESITA
(relato verídico)

Muchos de los que me seguís habitualmente, sabéis que paso mis vacaciones de verano en Cap D´Adge y siempre me refiero a él como un verdadero paraíso. Toda persona que se considere swinger debería, al menos una vez en su vida, pasar unos días allí.

Cap tiene muchos atractivos: su noche morbosa, sensual y de lo más glamurosa; y su playa, donde la gente damos rienda suelta a nuestros instintos más bajos a la hora que sea sin ningún tipo de pudor.

Había oído hablar mucho de aquel lugar, de lo que ocurría en la playa, en sus locas noches, y cuando me decidí a ir por primera vez, reconozco que incluso llegué a temer que todo aquello me pudiese superar y no estar lo suficientemente preparada. Nada más lejos de la realidad. Mi primer día en la playa, me sentí como pez en el agua.

Nada más llegar, mi acompañante y yo, localizamos a una pareja conocida española y decidimos quedar con ellos el primer día de playa para que nos mostrasen la zona swinger. Tras caminar aproximadamente medio kilómetro por la orilla del mar, pude observar como pasábamos de estar en una zona en la que las toallas estaban bastante separadas entre sí, a otra en la que estaban todas pegadas, sin  apenas dejar paso para caminar.

Colocamos nuestras toallas en un pequeño hueco que encontramos. El calor era sofocante, así que decidí refrescarme. Al poco de estar dentro del agua, un chico se acercó a mí y me dijo algo en francés que yo no comprendí. Como pude, le hice entender que apenas hablaba francés y que no entendía lo que me había dicho. Él no hablaba inglés, así que con mi escaso francés y con su poco de español, tuvimos una pequeña conversación que al final se podría resumir en una sola frase que él me dijo:

“Si haces fiestas privadas en tú apartamento, cuenta conmigo”

Tras unos minutos, decidimos salir del agua. En la orilla le esperaba una pareja y una chica. Me los presentó, charlamos unos minutos y yo me fui hacia mi toalla mientras ellos se fueron a dar una vuelta.

Sobre las tres de la tarde, la playa estaba a rebosar, y ya se empezaba a caldear el ambiente. A unos escasos cinco metros detrás de mí, una chica hacía una mamada a dos chicos. En cuestión de segundos, la gente se fue arremolinando en torno a ellos para verlos, hasta el punto que ya no podía ver nada. Tras unos minutos, igual de rápido que se habían acercado se alejaron, ya que el show había terminado.

A mi izquierda, las francesitas que había conocido por la mañana, se echaban aceite solar una a la otra de forma muy provocativa. Una de ellas era especialmente morbosa y juguetona.

Así que sin más, me acerqué a ellas y con una sonrisa picarona le hice entender que yo también necesitaba hidratar mi piel. La más morbosa, sonriéndome,  me dijo que no había problema y me invitó a tumbarme. Coloqué mi toalla a su lado y así lo hice.

Sentí un gran chorro de aceite a lo largo de mis piernas. Me miró, me guiñó un ojo y yo le respondí con una sonrisa. Cerré los ojos, ya que el sol me cegaba, me relajé y simplemente me dejé llevar.

Sus manos resbalaban perfectamente por mis piernas arriba y abajo suave y lentamente. Yo las tenía ligeramente entreabiertas, lo suficiente para que pudiese acariciar también la cara interna de mis muslos.

Poco a poco, sus trazos arriba y abajo eran cada vez más y más amplios, de modo que cada vez que subía algunos de sus dedos rozaban muy sutilmente mi sexo. A cada uno de esos roces, notaba como mi humedad iba creciendo y como mis labios se iban hinchando por la excitación. El clítoris me palpitaba.

Ella continuó su juego de roces sutiles y “accidentales” y consiguió que me pusiese realmente caliente y muy, muy húmeda tanto que notaba como parte de mi flujo se acumulaba entre mis nalgas.

Noté una sombra, abrí un poco los ojos y vi que su cara estaba a escasos centímetros de la mía. Sacó su lengua y empezó a pasarla por mis labios de una forma muy lasciva. Al verla, yo solo quería comerle la boca, notar mi lengua y la suya pegadas, su saliva mezclarse con la mía. 

Mientras mi lengua jugaba con la suya, su mano acariciaba mi sexo de arriba abajo, separando bien mis labios para untar sus dedos con mi flujo. Me los dio a chupar y entre las dos lamimos aquel flujo babosillo que se acumulaba entre sus dedos. Había conseguido que me pusiese muy cachonda y lo único que quería en ese momento era follar con ella. 

Bajó nuevamente sus dedos hasta mi sexo y cuando estuvieron bien lubricados de mi flujo, me penetró con ellos. Empezó a follarme enérgicamente como si fuese una polla. Sus embestidas eran tan fuertes, que sentí como mi flujo salía de mí, mojando la toalla sobre la que estaba tumbada.

Cuando ella notó mi flujo, me embistió aún más rápido mientras que con su pulgar presionaba ligeramente mi clítoris. Alcancé un orgasmo tan fuerte que mi flujo comenzó a salir a borbotones mojando no solo la toalla, sino también mis piernas y las suyas.

Inmediatamente, se sentó a horcajadas sobre mi boca. Era mi turno. Nada más pasar mi lengua por sus labios hinchados noté su flujo babosillo. Estaba muy húmeda. Con mis labios, empecé a succionar su clítoris que ya estaba realmente hinchado. Se movía tanto que mis manos le agarraron fuertemente por sus nalgas apretándola contra mí. Por sus gemidos sabía que no tardaría mucho en correrse. Succioné aún más y moví rápidamente mi lengua. Sentí su flujo en mi boca, se había corrido.
Cuando se levantó de mi cara, me incorporé un poco y vi que estábamos totalmente rodeadas de gente que habían estado viéndonos e incluso algunos tocándose. Tanto ella como yo nos reímos y nos dimos un húmedo beso. Toda aquella gente rompió en un aplauso agradeciendo el show que le habíamos ofrecido.

6 comentarios:

  1. ME ENCANTO... HERMOSO TODOOO LO OCURRIDO... GRACIAS POR COMPARTIRLO...

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  2. Muchas gracias a todos por vuestro comentarios... muaccckkkksss... ;)

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  3. Que chulo, menuda pasada! Me apunto Cap D´Adge como un futuro destino vacacional...

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  4. Esperamos poder ir algún día

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  5. wow!!!! delicioso leerte...

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